Normas de vida y costumbres

Hasta 1905, El Teniente era un lugar inhóspito para la presencia humana. Sin embargo, venciendo la dura geografía andina, muchos hombres fueron atraídos por la empresa Braden Copper para trabajar en un oficio mejor remunerado que las faenas agrícolas de la zona. Primero trabajadores solos, y luego familias, conformaron un grupo humano arraigado tempranamente para probar suerte en el mineral, pero debieron sortear la falta de comodidades, techo y servicios básicos, que se proporcionaron por sus propios medios.

Sólo a medida que tales condiciones mejoraron, ellos dispusieron de comercio, educación, servicio médico y casas -"camarotes" para obreros casados y solteros, y "chalets" para empleados- que formaron distintos barrios, a la vera de clubes sociales y actividades recreativas, como el cine y deportes.

Aún cuando imperaba la libertad de culto religioso, la convivencia en Sewell era regulada por el Departamento de Bienestar Social, que velaba por el orden general y el respeto a la Ley Seca. La armonía y unión de tal comunidad sólo era interrumpida por conflictos laborales (movimientos sindicales y huelgas) y peligros como graves accidentes y tragedias.

Este mundo peculiar es un legado que merece ser conocido por las generaciones venideras.